El cannabidiol, también conocido como CBD, es uno de los ingredientes activos que se encuentran comúnmente en el cannabis o cáñamo sativa, dentro del cual se han identificado a lo largo de los años más de 80 sustancias químicas diferentes conocidas como cannabinoides como resultado de múltiples estudios e investigaciones.

 Y aunque el THC o tetrahidrocannabinol es de hecho el ingrediente activo predominante en el extracto de cannabis, el cannabidiol sigue representando un buen 40%.

Los efectos del cannabidiol beneficiosos son múltiples, y si hace unos años el protagonista era sin duda el THC, por su característica acción psicoactiva, hoy la atención de la comunidad científica se ha centrado precisamente en el potencial terapéutico del cannabidiol, que puede tratar eficazmente numerosas patologías sin tener que recurrir necesariamente a terapias farmacológicas potencialmente deletéreas para el organismo.

Principales efectos del cannabidiol

El cannabidiol o CBD no es más que un metabolito del cannabis, es decir, un principio activo que, tras sufrir un proceso de transformación especial inicial, se convierte en altamente asimilable por el organismo, que puede así beneficiarse de los efectos del cannabidiol beneficiosos característicos

A diferencia del THC, responsable del llamado “subidón“, no tiene ningún efecto psicoactivo, lo que significa que no afecta en absoluto a las facultades cerebrales ni a la lucidez.

Una de las peculiaridades del cannabidiol es que es poco hidrosoluble, lo que significa que es difícil de disolver en el agua y, por lo tanto, requiere el uso de una grasa para favorecer su solubilidad, haciendo que sea más fácilmente asimilable por el organismo. 

El CBD es, de hecho, una molécula ácida, pero para que sea más activa y, por tanto, cualitativamente mejor, debe hacerse neutra a través de lo que comúnmente se denomina “proceso de secado“.

Por ello, con el paso de los años se ha puesto de manifiesto que son muchos los efectos del cannabidiol positivos. Numerosos estudios e investigaciones han demostrado que tiene propiedades antiinflamatorias y que es perfectamente capaz de frenar patologías que hace pocos años se consideraban irremediables. 

Aparece entre las terapias analgésicas más eficaces en el tratamiento del cáncer y también es particularmente útil contra la epilepsia, las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, al tiempo que frena rápidamente la esquizofrenia, la depresión, el insomnio y los estados de ansiedad.

El uso terapéutico del cannabis tiene orígenes muy antiguos: el cannabidiol se utiliza con fines medicinales desde hace milenios, aunque en torno a la década de 1930 se prohibió la venta de cañamo sativa principalmente por motivos sociopolíticos. 

Sólo recientemente la comunidad científica ha comenzado a mostrar un interés creciente, investigando en profundidad sus propiedades y llegando a resultados y descubrimientos ciertamente dignos de mención, destinados a desmontar todas las diversas “leyendas metropolitanas” que circulan sobre el cannabis, a través de pruebas científicas que corroboran su eficacia así como sus beneficios.

En 1973, investigadores estadounidenses de la Universidad John Hopkins descubrieron que el cerebro humano tiene un sistema endocannabinoide, caracterizado por receptores específicos capaces de interactuar con sustancias endocannabinoides producidas naturalmente por el organismo y totalmente similares a los cannabinoides que se encuentran habitualmente en el cannabis. Por lo tanto, se ha demostrado que el cuerpo humano tiene una predisposición natural a la ingesta de los propios cannabinoides.

El sistema endocannabinoide tiende a activarse espontáneamente y en condiciones de bienestar y placer, estimulando así el sistema inmunitario.

Promueve la relajación y facilita la digestión y asimilación de nutrientes, mejora la calidad del sueño y facilita la eliminación de posibles traumas, dando mayor estabilidad mental y tranquilidad para que la vida cotidiana sea más serena, siempre a expensas del estrés y el malestar común.

Por lo tanto, el cuerpo humano produce de forma natural estas sustancias endocannabinoides, que incluso están presentes en la leche materna: ayudan a regular las funciones normales relacionadas con el sistema nervioso, el sistema cardiovascular, el sistema inmunitario y el sistema reproductor. 

Sin embargo, en algunos individuos genéticamente predispuestos, el sistema endocannabinoide puede no funcionar correctamente: en este caso, tomar cannabis facilita la restauración del equilibrio natural del cuerpo a través de los receptores, lo que puede promover la curación.

Aplicaciones terapéuticas y médicas del CBD

Por lo tanto, se recomienda la ingesta regular de cannabidiol para resolver y reducir innumerables patologías y síntomas relacionados. 

De hecho, el CBD es un potente agente antioxidante y antiinflamatorio que puede incluso frenar los fenómenos relacionados con el acné, gracias a su fuerte acción seborreguladora destinada a solucionar una gran variedad de problemas cutáneos. 

El cannabidiol se utiliza ampliamente como sedante y como analgésico: puede calmar rápidamente los dolores menstruales, las migrañas, los trastornos reumáticos y todo tipo de fenómenos inflamatorios. 

Entre los principales beneficios que encuentran los consumidores habituales de cannabis está su capacidad para combatir eficazmente la depresión, la ansiedad y el insomnio, favoreciendo la relajación y el descanso, proporcionando al organismo un agradable estado de bienestar.

También ayuda a combatir el estrés actuando principalmente sobre los síntomas derivados de esta desagradable condición, contrarrestar las náuseas y ayuda a controlar y frenar los efectos de enfermedades graves como la arteriosclerosis, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, los problemas musculares, el trastorno de estrés postraumático, la epilepsia y los ataques de pánico, así como los trastornos neurológicos en general. 

También es un valioso coadyuvante en el tratamiento del dolor crónico, la artritis reumatoide, la depresión y los trastornos obsesivo-compulsivos, por lo que representa uno de los aliados más valiosos de la naturaleza para el ser humano.

Muchas de las dolencias mencionadas han llegado a tal estado que es evidente que el cannabis puede ser más útil y eficaz en comparación con las terapias farmacológicas convencionales, y perfectamente capaz de proporcionar un alivio casi inmediato. 

Hoy en día, el cannabidiol o CBD es uno de los principales protagonistas de las más variadas investigaciones científicas destinadas a demostrar de forma cada vez más concreta su eficacia real en el ámbito terapéutico, gracias también a su capacidad no adictiva y a que no presenta contraindicaciones significativas.

Efectos del cannabidiol – beneficiosos 

Los beneficios y efectos del cannabidiol dados por el uso del cannabis son múltiples: entre los principales está su marcada capacidad de implementar una acción pro-apoptótica y anti-proliferativa que actúa inhibiendo la proliferación de las células cancerígenas.

Así lo demostró un estudio de 2006 publicado en el Journal of Pharmacology Experimental Therapeutics por un equipo de investigadores de la Universidad de East Anglia que descubrió el mecanismo celular por el que el CBD induce espontáneamente la muerte de las células del cáncer de mama.

El CBD se comporta como un compuesto no tóxico, y los mismos estudios demostraron que dosis de cannabidiol de 700 miligramos administradas diariamente durante seis semanas consecutivas no revelaron ninguna toxicidad en los sujetos de prueba, lo que también sugiere su uso a largo plazo con fines terapéuticos.

Entre las ventajas de tomar cannabidiol está su característica acción analgésica: la evidencia científica demuestra que los cannabinoides son útiles en el tratamiento del dolor al inhibir la transmisión neuronal en las vías del dolor. 

Prueba de ello es un estudio de 2012 publicado en el Journal of Experimental Medicine, que descubrió que el cannabidiol por sí mismo reducía significativamente el dolor inflamatorio y neuropático crónico en roedores, sin necesidad de utilizar fármacos analgésicos. 

Por lo tanto, los propios investigadores sugieren el CBD, así como todos los componentes no psicoactivos presentes en el cannabis, como la “nueva clase de ayuda terapéutica” para el tratamiento del dolor crónico. 

De hecho, gracias a su papel como antiinflamatorio natural, el cannabidiol resulta especialmente prometedor en el tratamiento de trastornos inflamatorios y autoinmunes.

Hasta la fecha, el cannabidiol también desempeña un papel nada desdeñable en el tratamiento de los trastornos y síntomas relacionados con la esquizofrenia. 

Las investigaciones demuestran que el CBD tiene una notable acción antipsicótica, aunque el mecanismo de acción es aún desconocido. De hecho, parece que el cannabidiol tiene un perfil farmacológico bastante similar al de los fármacos antipsicóticos atípicos, como se ha revelado mediante el uso de múltiples técnicas conductuales y neuroquímicas aplicadas en animales.

A lo largo de los años, numerosos estudios han podido determinar el efecto ansiolítico del CBD.

De hecho, se ha demostrado ampliamente que el cannabidiol es capaz de reducir la ansiedad en pacientes que padecen un trastorno de ansiedad social y también de frenar eficazmente los ataques de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo, así como la llamada ansiedad social y el trastorno de estrés postraumático.

Un interesante estudio realizado en 2011 comparó cuáles eran los efectos de un simulacro de hablar en público realizado tanto en sujetos sanos como en pacientes en tratamiento para el trastorno de ansiedad social: se administró cannabidiol como placebo a 24 pacientes que sufrían trastorno de ansiedad social pero no habían sido tratados previamente, una hora y media después de la actuación. 

Así, se comprobó que, gracias al pretratamiento a base de CBD, se redujo significativamente la ansiedad, así como la disfunción cognitiva y la sensación de malestar, implementando así un rendimiento óptimo y reduciendo la ansiedad ante el discurso.

El cannabidiol también tiene numerosas ventajas en el tratamiento de la epilepsia, especialmente cuando es resistente a las terapias farmacológicas. 

Un informe de una encuesta en la que participaron padres de niños con epilepsia resistente al tratamiento presentó resultados inesperados: más del 84% de los padres informaron de una reducción significativa de la frecuencia de los ataques epilépticos en su hijo, gracias a la ingesta de CBD.

Se ha descubierto que el cannabidiol previene los efectos tóxicos del neuro glutamato y de las especies radicales de oxígeno (ROS) en el cerebro, evitando así la muerte de las células cerebrales. 

El CBD tiene una acción antioxidante superior a la de la vitamina C y E, lo que lo convierte en un potencial agente terapéutico incluso en enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson.

Utilizado desde hace siglos como agente contra las náuseas y los vómitos, el cannabis siempre ha sido objeto de numerosos estudios, muchos de los cuales han revelado que, entre los más de 80 compuestos cannabinoides que se encuentran en la marihuana, tanto el THC como el CBD ayudarían a combatir las náuseas y los vómitos. Sin embargo, los investigadores han descubierto que el cannabidiol actúa de forma bifásica, lo que implica que, en dosis bajas, es un perfecto antiemético, mientras que en dosis altas puede aumentar el síntoma o no tener ningún efecto.

También reduciría la incidencia de la diabetes: un estudio de 2006 descubrió que la toma de CBD reducía significativamente la incidencia de la diabetes en un 86% en ratones diabéticos no obesos y no tratados, y en un 30% en los tratados en cambio con cannabidiol.

Los investigadores también han descubierto que el consumo prolongado de cannabis puede reducir los niveles de insulina en ayunas en más de un 16%, protegiendo así el corazón de los daños vasculares causados también por los niveles excesivos de glucosa. 

También se ha demostrado que el CBD reduce la hiperpermeabilidad vascular.

Valioso en el tratamiento de la esclerosis múltiple, el CBD, combinado con el THC, también es eficaz y se tolera perfectamente en el tratamiento de la contracción muscular, el dolor, los trastornos del sueño y la incontinencia urinaria en los enfermos de esta grave enfermedad autoinmune. 

Debido a su notable efecto del cannabidiol antiinflamatorio, el CBD proporciona un alivio del dolor articular en presencia de artritis reumatoide, reduciendo la destrucción de las articulaciones y la progresión de esta patología: también ayuda a mejorar la movilidad al frenar la inflamación en las 5 semanas de tratamiento.

Por último, pero no por ello menos importante, el consumo de cannabis mejora la calidad del sueño en quienes padecen insomnio crónico, aumenta el apetito resultando útil en el tratamiento de trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia, y ayuda a marginar múltiples afecciones de la piel como el acné y la psoriasis. 

Las personas que sufren de depresión pueden beneficiarse del CBD, que tiene poderes calmantes y relajantes incluso en estados de ansiedad graves.

Otros estudios han confirmado que el cannabidiol es capaz de reducir trastornos intestinales como la colitis. 

En combinación con el THC, reduciría la inflamación, aliviando síntomas como el dolor abdominal, la diarrea y la disminución del apetito. 

Por lo tanto, resulta útil para normalizar la motilidad intestinal.

Efectos del cannabidiol – negativos 

Los efectos negativos de la ingesta de cannabidiol en general no son especialmente significativos. 

De hecho, se ha demostrado que incluso con un uso prolongado a dosis elevadas de alrededor de 1500 mg al día, el cannabidiol sigue siendo bien tolerado por los seres humanos, aunque hay que prestar atención a una serie de casos específicos.

El CDB ayuda a contrarrestar el insomnio generando un estado de relajación generalizada, por lo que se desaconseja conducir después de tomarlo, especialmente si se está cansado o por la noche. 

También es desaconsejable tomar cannabis como interacción al uso de fármacos que puedan generar somnolencia, ya que el propio cannabidiol tiende a neutralizar la actividad de ciertas enzimas que ayudan a eliminar ciertos fármacos una vez en el hígado.

El cannabidiol también reduce significativamente la presión arterial, por lo que debe evitarse su uso, especialmente si se sufre de hipotensión o presión arterial muy baja. 

Por el contrario, se recomienda para quienes sufren de hipertensión.

 Del mismo modo, es mejor no abusar de él en casos de enfermedad de Parkinson, ya que los cannabinoides pueden aumentar los temblores.

Si uno tiende a sufrir deshidratación, es importante ser consciente de que el CDB provoca sequedad de boca: aunque no es un efecto secundario real, siempre es necesario reponer líquidos después de tomar cannabis, ingiriendo suficiente agua para reducir las molestias.

Cómo tomar y dosificar el CBD

El CBD está disponible comercialmente en diferentes formulaciones: suelen estar disponibles las inflorescencias de cannabis, los cristales de CBD o el aceite de CBD.

Sobre todo en el caso de las inflorescencias, que se suelen tomar en forma de “spliff” y luego se fuman, la concentración de cannabidiol es menor y, en consecuencia, el organismo lo absorbe en mayor o menor medida, según se trate de cannabis light o medicinal.

Sin embargo, otras formulaciones también ofrecen concentraciones variables de CBD en función del efecto deseado. Ni que decir tiene que si se desea un efecto constante pero prolongado, un producto con una concentración menor de cannabidiol tomado varias veces durante el día es la solución ideal. 

Por el contrario, para un efecto inmediato pero menos duradero, son más adecuados los productos con una mayor concentración de CBD.

Si la quema de inflorescencias no es especialmente apreciada, se puede recurrir al aceite de CBD, por ejemplo, que implica diferentes métodos de extracción, a menudo utilizando aceite de oliva como vehículo, para preservar su integridad y eficacia. En este caso, se toma por vía sublingual: unas gotas colocadas bajo la lengua y luego ingeridas producen efectos casi inmediatos, aunque también puede utilizarse como condimento en la comida.

Una alternativa son también los cristales de CBD, que tampoco necesitan ser quemados: deben ser ingeridos y pueden utilizarse en todo tipo de recetas como mezclas de pasteles, galletas o productos de panadería, con la única condición de que se añadan a una grasa como la mantequilla o el aceite para garantizar la concentración óptima de principio activo y su estabilidad.

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